Tengo mucho
que contarme
a mí misma

Y mucho que contarle a mi yo del pasado. Escribir es siempre liberador. A mí me ayuda mucho, por eso también lo utilizo en consulta.

Acompañame en estas cartas

contacto

A la Itziar que tenía miedo
de hablar

Querida Itziar:

Fuiste siempre muy callada. En grupos grandes te quedabas al margen. En primero de carrera pasaron meses sin que hablaras con nadie. No porque no quisieras, sino porque no sabías cómo. La timidez te hacía pequeña. Te aislaba. Te hacía sentir que no encajabas del todo.

Hoy sigo sintiendo nervios cuando conozco a gente nueva.
No voy a mentirte.
Pero ahora sé estar ahí, aunque haya miedo.
Sé abrirme, conectar y sostener la incomodidad sin huir.

Trabajar en el bar de mamá por las noches nos cambió más de lo que imaginábamos.
Nos obligó a exponernos, a hablar, a mirar a los ojos. Y aunque no siempre fue fácil ni agradable (las ojeras lo saben bien *emoji de risa*), aprendimos una súper lección:
respetar nuestros tiempos es vital, pero a veces la vida pide dar un paso al frente, aunque te tiemblen las piernas más que tras dos horas de clase de baile.

A la Itziar que decía “sí”
cuando quería decir “no”

Querida Itziar:

“Durante mucho tiempo fuiste complaciente. Callabas lo que necesitabas por miedo a molestar. A que se enfadaran. A que se fueran.”

Te desdibujabas para sostener vínculos. Pero no podíamos seguir así. Te estabas consumiendo.

Hoy seguimos cuidando a los demás, pero también me cuido a mí.
Pongo límites. Digo lo que siento y necesito. Y he aprendido que quien se queda, lo hace de verdad. Y uf, sí. Darse cuenta duele. Pero te aseguro que así es mucho mejor.

PD: también nos cuidan, y mucho *emoji de corazón*

A la Itziar salvadora de
todo el mundo

Ser la hermana mayor en una familia complicada te enseñó a cuidar.
A estar pendiente. A salvar.

Durante años solo te sentías valiosa cuando ayudabas a otros. Cuando sostenías.
Cuando te necesitaban.

Salir de ese patrón no ha sido sencillo.
Todavía aparece. Pero ya hemos aprendido que no se puede hacer todo a la vez.

Ahora lo veo. Y cuando aparece este sentimiento, puedo elegir:

“Cuidar sin olvidarme y acompañar sin desaparecer.”

A la Itziar que nunca
se sentía suficiente

 

La autoestima ha sido, y sigue siendo, tu talón de Aquiles.
Te exigías demasiado. Te pedías perfección.

Como hija.
Como amiga. Como pareja.
Como estudiante.
Como profesional.

El síndrome del impostor te ha acompañado más veces de las que te gustaría admitir. Y te aseguro que no paga alquiler, así que ni de lejos es buen compañero de vida.

Hoy somos más compasivas con nosotras mismas. Seguimos aprendiendo. Seguimos dudando a veces. Pero ya no nos castigamos por fallar (too much, baby, too much).

Te acompañas. Te reconoces.
Y celebras lo que haces bien, aunque aún cueste.

La terapia nos ha enseñado a no luchar y a tenderle la mano a nuestros miedos.

A la Itziar que ha amado
y ha perdido

Has perdido a personas muy importantes.
A tus abuelos.
A una amiga que era como una hermana.
A animales que fueron familia.

Y claro que los echamos de menos…. Como el primer día, ¿verdad?

También has vivido rupturas, finales de vínculos y despedidas que te marcaron.
Nada de eso te dejó igual. Pero eh, ahora viene lo bueno. Aprendiste que el duelo no se supera. Se atraviesa. Se integra. Y se convive con él.

Hoy sabes que se puede vivir con la ausencia, con el amor que se queda, y con una vida que, poco a poco, vuelve a moverse.

PD: ver fotos te reconforta mucho, y hay mucho bueno de lo que acordarse, te lo digo yo *emoji de corazón*